Una de las más impactantes y deseadas experiencias que puede vivir un amante de la naturaleza, es el encuentro frente a frente con un representante de la fauna salvaje. Sea por el recuerdo (escondido en nuestras mentes) de nuestra propia naturaleza primigenia, el acercamiento a lo desconocido o no familiar, o quizás por la adrenalina que inunda nuestros cuerpos ante una potencial amenaza, la búsqueda por “lo salvaje” es un fuerte atrayente hacia las zonas de conservación o áreas con relictos de ecosistemas conservados. En reciente visita de campo desarrollada a principios de julio del 2007 por la Corporación Fragmento en la Reserva Natural el Aguacate (en la bahía del mismo nombre, cerca al poblado de Capurgana, en jurisdicción del municipio de Acandí, departamento del Choco, Colombia), tuvimos la maravillosa oportunidad de vivir uno de estos encuentros cercanos con la naturaleza. Mientras dormíamos en la reserva situada al borde del mar y anexa a un corredor de bosque, fuimos despertados por extraños gruñidos y ruidos en la cocina. Se trataba de una familia de 4 mapaches cangrejeros (Procyon cancrivorus), también conocidos como mapache suramericano, zorrino, zorra cangrejera, zorra patona, guaxinim, mao-pelada, manipelado, nutria romanguera, tejon, ratón laveur, chien crabier, osito cangrejero, osito lavador, oso manglero, gato manglatero, wasbeer, krabdagoe, aguará-popé, goá-xiní y mayuato1,2,3. Este simpático animalito es un mamífero del orden carnivora y de la familia procyonidae. Los prociónidos son propios del nuevo mundo, siendo los equivalentes locales de los vivérridos del viejo mundo4 (como el fossa-Cryptoprocta ferox- y el gato civeta-Bassariscus astutus-), ya que ambos se parecen en tamaño corporal y nichos ecológicos. Este grupo de carnívoros no estrictos se caracteriza por buscar la protección arbórea y a tener sus crías en nidos arbóreos (a excepción de los mapaches de las praderas)4. La zorra patona (P. cancrivorus)se encuentra en las regiones neotropicales, desde Costa Rica hasta el norte de Argentina, incluyendo Panamá, Colombia, Guyana, Surinam, Trinidad y Tobago, Venezuela, Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay y Uruguay5. Miden de 23 a 30 cm de altura, la longitud del cuerpo con la cabeza es de 42 a 70 cm y la de la cola de 20 a 41 cm y pesan hasta 15 kg3. Los mapaches están adaptados a la alimentación por tierra en búsqueda de crustáceos a lo largo de las riberas de los arroyos, así como a la alimentación arbórea en búsqueda de frutos y pequeños vertebrados4. La zorra cangrejera es un animal omnívoro de actividad nocturna, que se alimenta de cangrejos, camarones, peces, aves pequeñas, caracoles, insectos, tortugas y ranas. También come frutas, semillas y vegetales3. En las visitas a nuestra morada (variables entre las once de la noche y las tres de la madrugada), los mapaches dieron cuenta de una buena cantidad de aguacates y parecieron no interesarse en cebollas y plátanos. P.cancrivorus puede ser encontrado en bosques húmedos bajos, en cuerpos de agua grandes y pequeños, permanentes y temporales. Aunque el mapache cangrejero parece estar restringido a hábitat cercanos al agua tales como pantanos, ríos, arroyos y playas1, también ha sido registrado en hábitat no acuáticos en ciertas épocas del año4. Aun cuando el oso manglero es una especie de amplia distribución en América, que no figura en Colombia en los apéndices del CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Espacies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), su cacería fue vedada en el país en la resolución 848 de 1973 del INDERENA. Según la UICN5, ésta es una especie en bajo riesgo y de baja preocupación (LR-lc). En ciertas zonas de América como Perú, esta especie recibe el estatus amenaza como una especie “rara”6. Para el caso de Argentina es considerado como vulnerable por la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos7. Sin embargo en términos generales, parece ser una especie menos amenazada que otras de la familia procyonidae. Es importante anotar que se conoce poco sobre su ecología y comportamiento y la mayor información disponible, proviene de estudios en cautiverio4. Por conversaciones con los habitantes de la zona, nos enteramos que esta familia estuvo en varios predios en la bahía el Aguacate. Es bueno anotar que se trata de una visita familiar. Las hembras de estos mapaches proveen cuidado parental a las crías, las cuales aprenden a buscar alimento con sus madres, pudiendo ser dependientes de éstas hasta por ocho meses8. A partir de conversaciones casuales con nativos del Aguacate, éstos manifestaron que no se trata de una especie apetecida por su carne o su piel, pero a la cual no se le profesan tampoco sentimientos muy positivos: “…esos animales a mi no me gustan por que son muy fregados, son muy mañosos...”, “…se le enfrentan a uno…”, “…se roban la comida que encuentran por ahí y si pueden (y uno se descuida), se le roban las gallinas…”. Esta última apreciación es compartida en otras regiones del continente donde tiene presencia esta especie9. Aún cuando los daños a las cosechas y a las especies de vida silvestre por lo general son temporales y locales4, estos elementos reflejan parte de la problemática para la conservación de las especies de fauna silvestre que comparten su territorio natural con zonas de uso humano. Las amenazas que actualmente enfrentan animales como los prociónidos son esencialmente aquellas que afectan hoy en día la mayor parte de la vida silvestre: cacería, trampeo y comercio, pérdida de hábitat y fragmentacion de su área de distribución. Es importante anotar que por tratarse de especies con actividad arbórea, los efectos negativos de la deforestación para actividades de uso humano como la ganadería, pueden ser significativos4. Esto puede estarse dando actualmente en la zona norte de Choco Darien Caribe Colombiano, en donde se registra un importante cambio en los usos del suelo debidos a la presión ganadera y maderera, en áreas como Acandí, Capurganá y el Valle de los Ríos (adyacente a la bahía del Aguacate). Las maravillas bióticas del conservacionista pueden a la vez percibirse como problemas cotidianos de convivencia entre las comunidades humanas y las comunidades silvestres, o simplemente ser desconocidas o ignoradas por los promotores del desarrollo a ultranza de las zonas rurales. Así las cosas, la conservación efectiva requiere no solo de actividades de educación y sensibilización ambiental, sino también del apoyo estatal y privado a las comunidades locales, así como la concertación social para la solución de los conflictos asociados a la constante interacción con la fauna silvestre. Esperemos que el ingenio y adaptabilidad de la zorra cangrejera le sirvan para continuar su lucha por la supervivencia, incluso con los retos surgidos en su interacción con el hombre.
Referencias
-
EMMONS, L.H. Mamíferos de los bosques húmedos de América Tropical. F.A.N., Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. p. 153,154.
-
-
-
GLATSTON, A.R. (Comp.) The red panda, olingos, coatis, raccoons and their relatives. Grupo especialista en mustélidos, vivéridos y prociónidos de la CSE/UICN. International Union for Conservation of Nature and Natural Resources. 1994. 63 p.
-
-
-
-
-
SOLER, L. Conservación de los carnívoros del nordeste argentino mediante la participación de los pobladores locales. Huellas, Asociación para el estudio y conservación de la biodiversidad. Bahía Blanca, Argentina. 2002. 22 p.
|
|